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"Las cifras indican que el mercado laboral ofrece un 30% menos de beneficio a las mujeres", dijo ayer Marisa Sotelo, de la Fundación Mujeres. "Es difícil encontrar dos puestos idénticos con sueldo distinto. Muchas veces se dice que la diferencia se produce por la aplicación de ’criterios objetivos’.
Pero, incluso aunque lo sean, inciden sobre todo en las mujeres". Puso un ejemplo: los pilotos de Iberia cobran un complemento por horas de vuelo, horas que no pueden acumular cuando están embarazadas. "Una mujer de 40 años con dos hijos estará dos niveles retributivos por debajo de un hombre que no haya tenido esas interrupciones. Las horas de vuelo parecen un criterio objetivo, pero éste es su efecto".
El ejemplo sirve también para introducir uno de los grandes problemas para alcanzar la igualdad salarial: los complementos, de los que habló la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, y también los sindicatos. "Dos terceras partes de los ingresos salariales de los hombres se basan en complementos, pero estos sólo suponen una cuarta parte de los salarios de las mujeres", señaló la secretaria para la Igualdad de UGT, Almudena Fontecha. "El 50% de la desigualdad viene ligada a estos complementos, que pueden ser por antigüedad, plena disponibilidad, productividad...".
Con el retraso de la edad de jubilación a los 67 años como telón de fondo, los sindicatos sostuvieron durante la jornada parlamentaria que una alternativa eficaz a esa polémica propuesta sería lograr que las mujeres puedan trabajar más y mejor. "Incrementar un punto la tasa de actividad femenina al año sería más importante que cualquier retraso en la edad de la jubilación", afirmó Ignacio Fernández Toxo, secretario general de Comisiones Obreras.
Porque las mujeres, entre otras cosas, trabajan menos: la tasa de empleo masculina es del 68,1% y la femenina del 51%. "En la superación del diferencial está gran parte del futuro del sistema de pensiones y lo que de sano tenga la evolución de la sociedad española en los próximos años", dijo Fernández Toxo.
Su homólogo de la UGT, Cándido Méndez, coincidió en el diagnóstico: "La distancia en la tasa de actividad supone la posibilidad de incorporar a más de dos millones de personas. Si subieran la tasa de empleo femenino, sus salarios, y se redujera la precariedad, aumentarían por partida triple los ingresos de la Seguridad Social".
También se incrementaría el consumo y eso tira de la economía. Pero hay quien manifiesta más cautelas a este respecto. Sara de la Rica cree que el asunto de las pensiones es un debate aparte de la necesidad de que las mujeres tengan acceso al mercado laboral.
"Por supuesto necesitamos más gente cotizando para hacer frente a las pensiones, y eso lo pueden hacer las mujeres, o los inmigrantes, como suele plantearse, pero a largo plazo el problema no estará solucionado, porque ellas también se jubilarán, y dada nuestra esperanza de vida, muchos años de pensionista, alguien tendrá que hacerse cargo de eso algún día", opina. "Si no hay más gente joven, habrá que cotizar más tiempo", dice.
En todo caso, si la cuestión es llevar más mujeres al mercado laboral, ¿cómo hacerlo? "El modelo de crecimiento económico conspira contra la igualdad", señaló ayer Cándido Méndez. "La desigualdad tiene causas de tradición, estereotipos, pero hay elementos económicos que pesan como una losa, como los salarios. Si una pareja tiene que plantearse que uno de los dos cuide a su hijo, ¿quién va a abandonar su empleo? El que cobra menos".
Javier Ferrer, presidente de la comisión de Seguridad Social de la CEOE, se quejaba de que los estudios sobre el tema no son completos. "Hay que analizar las diferencias en función del tipo de contrato, de jornada, la antigüedad en la empresa. La Encuesta de Estructura Salarial no ofrece información desagregada, y otros estudios similares tienen el mismo problema". Pero algunos intervinientes lamentaron, precisamente, la opacidad de las empresas a la hora de aportar información sobre las retribuciones.
El análisis a grandes rasgos está claro: falta una mayor implicación de los hombres en la vida privada que descargue a las mujeres; dejar de feminizar los contratos temporales y a tiempo parcial; dejar de valorar más cualquier trabajo por el hecho de que lo haga un hombre -se habló ayer, por ejemplo, de cómo los cristaleros (hombres) cobran más que las limpiadoras (mujeres) en los mismos centros de trabajo-; que lleguen más mujeres a las organizaciones sindicales y a la patronal para la negociación colectiva; controlar la cuestión de los complementos; seguir incidiendo en la Ley de Igualdad, en las sanciones a las empresas que la incumplan... Pero hará falta también un análisis de trazo fino para detectar de forma muy pormenorizada las desigualdades en cada sector, en cada empresa, y ponerlas fin una a una. Sigue necesitándose más información.