Cuando ella le anunció que quería dejarlo “la amenazó, le dijo que no se iba a llevar a su hija y le rompió el pijama al agarrarla por el cuello», asegura el hermano. Le dijo por teléfono que se la iba a llevar por delante y en su ordenador apareció un mensaje casi en los mismos términos. Susana decidió poner tierra de por medio y denunciar. «El día antes del juicio, él estuvo merodeando por el barrio. Ella bajó a comprar y se lo encontró en la puerta. Subió asustada».
Cuando José, la ex pareja de Susana, le clavó el hacha, había toda una historia previa de malos tratos diversos. El maltrato físico y su máxima expresión el asesinato de género, no surgen de la nada, siempre vienen precedido de un contexto histórico de maltrato psicológico, control, insultos, amenazas, acoso, etc. José iba pertrechado para la guerra: un hacha y un cuchillo. Había una intención definitiva de acabar con Susana y una larga planificación, estudiando el terreno con antelación, buscando la ocasión propicia…
El juez no vio habitualidad. Se troceó el maltrato en elementos puntuales (dos delitos de amenazas y un delito de maltrato simple). Se concedió una orden de alejamiento pero en realidad se interpretaron los hechos como delitos menores, más cercanos a la falta moral que a un delito público grave equiparable a la tortura continuada con abuso de poder, como es la violencia de género habitual. Minimizar el delito de violencia de género es devaluar los avances de la Ley Integral, y retomar la antigua visión franquista transmisora del mensaje: “no hay para tanto”.
Se debería haber solicitado una investigación en profundidad del maltrato psicológico, de sus secuelas en la madre y la hija, de los posibles testigos, de los servicios o profesionales que las hubieran atendido previamente… Pero especialmente se debería haber hecho una valoración completa del riesgo , evaluación para la que deberían estar capacitados todos los profesionales que tratan con mujeres maltratadas, incluido el juez. Por lo poco que conozco de este caso me parece que se podrían haber detectado bastantes indicadores de riesgo, esto unido a una investigación completa del contexto histórico de violencia, hubiera llevado probablemente a una apreciación de maltrato habitual y no maltrato simple. No sabemos la calificación que hizo él o la fiscal de los hechos.
Los bulos sobre denuncias falsas han devaluado la credibilidad de las denuncias de mujeres por maltrato. No sé en este caso, pero en muchos otros los y las profesionales que trabajamos en ello observamos una desconfianza generalizada hacia las víctimas y una tendencia a la minimización del riesgo.
Dicen los periódicos que el asesino nunca pisó la cárcel porque la condena era inferior a dos años. Se conformó con los hechos, aceptó la condena y el juzgado la dejó en suspenso a condición de que siguiera un curso de sensibilización en igualdad de género. Me pregunto si a un etarra que aceptara los hechos y la condena, se le dejaría ésta en suspenso a condición de que siguiera un curso de sensibilización en democracia. De nuevo queda en evidencia como sigue la minimización del delito en diversos ámbitos, no sólo se niega la habitualidad sino que se suspende la condena por un curso. Es como decirle al maltratador “¡venga, pórtate bien y nos olvidamos!”. Pretender saldar el maltrato machista con un curso o incluso con una terapia, implica un desconocimiento absoluto de los mecanismos internos del maltratador y tener unas expectativas poco realistas de los efectos de de la terapia a maltratadores.
Por otra parte durante esos cursos no se evaluaron la capacidad de simulación del maltratador ni sus verdaderas intenciones, y si se hizo, es evidente que se hizo mal.
Recordemos unos cuantos puntos esenciales sobre la terapia a maltratadores:
Los maltratadores son hombres "normales" con una socialización sexista. En general no son locos. Más del 80 % de hombres que maltratan a sus compañeras son personas sin ninguna patología psíquica. En la mayoría de los casos no tienen comportamientos agresivos fuera del ámbito familiar. La conducta pública de los agresores suele ser muy diferente de su conducta privada, con otras personas son amables y correctos, e incluso con la víctima al principio de la relación. El maltratador normal restringe su violencia a los que considera inferiores o posesión suya: mujer e hijos (sobre todo hijas). Puede ser machista con las mujeres con las que tiene un vínculo cercano. Ante otros varones su conducta es igualitaria, comprensiva y empática. No suele tener antecedentes violentos. Suele haber visto machismo en infancia.
TERAPIA A MALTRATADORES
LA TERAPIA TIENE QUE BASARSE EN UN ENFOQUE DE GÉNERO:
David Adams psicólogo de Emerge, programa de ayuda a maltratadores en Boston mantiene:
“El abuso doméstico es el producto de una sociedad sexista que acepta la dominancia del varón sobre la mujer. Los hombres no respetan a la mujer, se creen con derecho a controlar las vidas de sus compañeras. Pegar no es una enfermedad, es una conducta aprendida’’. “¿El dueño de un esclavo necesita psicoterapia o ser castigado? Este esclavista puede él mismo haber sido una víctima en sus primeros años, pero cuando una víctima atraviesa la línea y se convierte en un opresor, tiene que haber consecuencias."
“El objetivo de la terapia al maltratador no es cambiar al hombre sino hacer que la mujer esté segura y el hombre rinda cuentas de sus actos’’.
GIRO DE LA TERAPIA FAMILIAR HACIA LA INDIVIDUAL:
El agresor es el único responsable de la violencia; en ningún caso lo es la víctima, ni directa ni indirectamente. Este principio ha supuesto un cambio en el paradigma psicológico utilizado. La mediación, la terapia de parejas, y la terapia familiar sistémica, han de ser sustituidas por una terapia individual al maltratador que se centre en su responsabilidad por la violencia.
EL MANEJO DE LA CÓLERA NO DEBE SER EL ASPECTO FUNDAMENTAL DE LA TERAPIA
Muchos maltratadores manejan muy bien la cólera, sólo se encolerizan con mujeres y lo hacen para controlarlas mejor. La mayoría eligen ser coléricos para no rebajarse a pactar, escuchar o negociar con la mujer. "Desarrollan un modelo planificado de control coercitivo" David Adams. “Muchos de ellos no sólo no han perdido el control de su cólera, sino que la han utilizado para manipular y controlar a sus parejas e hijos. La cólera no es el problema.” Paul Kivel, co-fundador del Oakland Men’s Project Eligen ser violentos para controlar a las mujeres. Mediante la excusa de la cólera o los celos eluden la responsabilidad de sus actos.
LA INFANCIA TRAUMÁTICA NO DEBE SER EL CENTRO DE LA TERAPIA:
Se debe tratar la infancia traumática pero sin que él maltratador se justifique constantemente con ella. Todos hemos pasado traumas y eso no nos quita responsabilidad de nuestros actos.
El terapeuta ha de ser estricto en cuanto a la responsabilidad del hombre sobre su conducta violenta, pero empático con respecto a las experiencias de la niñez que la causan, evitando reproducir los sentimientos de impotencia del agresor.
Dice Beth Gerhardt, del programa para maltratadores Respect: "No entramos en su infancia. Esto es un programa de educación de la conducta. Si quieres tratar de ello, ve con un psicoterapeuta. Aquí queremos discutir por qué él empujó a su pareja por la escalera. Si se lo permites él se sale del tema constantemente. Empezar a hablar de su infancia es peligroso para la mujer”.
No se les permite justificar su conducta con la conducta de su pareja, con el alcohol, el dinero, el temperamento, la infancia, o cualquier otra cosa.
LA TERAPIA DEBE SER A LARGO PLAZO:
Cuesta muchos años erradicar una socialización sexista. Una terapia de tres años es relativamente corta, cinco años sería una duración más razonable. En ese tiempo él puede haber iniciado otras relaciones de pareja y es en ellas dónde debe plasmar su cambio.
LA TERAPIA NO TIENE QUE UTILIZARSE PARA CONSEGUIR BENEFICIOS
Craig McDevitt, presidente de la British Association of Counselling, asociación profesional de psicoterapeutas, dice: “Cualquier programa al que se haya forzado a participar a la gente, tendrá una alta tasa de fracaso". Muchos maltratadores van a la terapia porque el juez se lo ha impuesto o porque así consiguen beneficios carcelarios. En la película “Te doy mis ojos” de Iciar Bollaín, se muestra el fracaso de una terapia con la que el protagonista quiere conseguir que su compañera se quede con él.
El Ministerio del Interior de Gran Bretaña financió proyectos de rehabilitación para 10.000 agresores violentos hasta el 2002, con el objetivo de disminuir la reincidencia. Los indicadores tempranos (obtenidos en el 2000) de eficacia de dichos programas, muestran un claro éxito en agresores sexuales, drogadictos, y criminales violentos en general, con una excepción, los agresores de violencia doméstica. Según la encuesta del Ministerio del Interior Británico los maltratadores parecían inmunes al tratamiento.
Harry Fletcher del National Association of Probation Officers declaró: ’Habíamos dado por supuesto que todos los programas intensivos para maltratadores reducían este crimen significativamente. Si esto no ocurre así con la violencia doméstica, se tienen que re-evaluar los programas y acrecentar la protección a la mujer.’ El entonces ministro de Interior, Straw, decidió retirar el presupuesto para las sesiones de terapia a maltratadores, y en su lugar invertir en casas de acogida, cumplimiento estricto de las medidas cautelares contra los agresores y “marcado electrónico” de éstos.
Volvamos con Susana. Meses después del juicio José reapareció diciendo que quería ver a su hija. Susana le tenía miedo y solicitó un punto de encuentro, pero según cuenta su familia se lo denegaron porque decían que estaba saturado. La madre y el hermano de Susana se ofrecieron a realizar los intercambios de la menor.
José volvió a amenazar a su ex mujer por teléfono, por correo electrónico o incluso a través de su ex suegra. Susana ya estaba decepcionada de la Justicia, había hecho un aprendizaje de indefensión y había decidido no denunciar de nuevo porque, tal como dice su hermano, “entendió que la denuncia anterior no había servido de nada. Se sintió frustrada y desprotegida». Susana temía que él tomara represalias y no contaba con que nadie la protegiera si esto ocurría. Empezó a vivir en un estado de pánico permanente. «Salía de su casa con miedo a encontrárselo en la calle, y no quería hacer nada que lo molestara para evitar que se pusiera violento».
Dice Jesús el hermano de Susana en el periódico SUR: «Tenía cada vez más miedo; sabía que iría a por ella en cualquier momento»
“Se fue de Antequera huyendo de su ex marido porque estaba muy asustada»
«Me pidió que le prometiera que, si la mataba, cuidaríamos de su hija y no permitiríamos que él volviera a verla»
“Mi hermana encendió las alarmas, tocó a todas las puertas. Pero le dijeron que los servicios estaban «saturados»”.
Meses antes de que José la asesinara Susana había solicitado el servicio de tele-asistencia móvil para víctimas de violencia de género, y le había sido denegado.
En el Ayuntamiento afirman que tramitaron la solicitud con carácter urgente, “porque las técnicas detectaron que existía peligro en función de algunas respuestas en las que ella que indicaba que la ex pareja llevaba navaja y que la familia también tenía armas de fuego», pero parece que alguien en algún punto del procedimiento no llenó bien unos documentos, no hizo que la comunicación con el ministerio fuera la adecuada… No queda muy claro si falló el Ayuntamiento, la comisión de seguimiento encargada de conceder el servicio, el Ministerio de Igualdad…
El delegado del Gobierno para la Violencia de Género, Miguel Lorente, manifestó que la solicitud no pudo ser denegada porque nunca se tramitó debido a un defecto de forma. Pudo influir también el informe de la Policía Nacional considerando un bajo nivel de riesgo para Susana. Se basaron en el programa informático que hace la evaluación del riesgo, y que tras registrar las respuestas que Susana dio al cuestionario ’tipo test’, concluyó que su caso no era peligroso, ni mucho menos extremo: “El riesgo era bajo”.
Un test de valoración del riesgo puede complementar una evaluación de éste pero nunca suplir a la opinión profesional derivada de la entrevista directa con la víctima. Había múltiples indicadores de la intención y de la predisposición de volver a agredir de José.
Éste la había agredido anteriormente mediante un intento de estrangulamiento, conducta de máximo riesgo por atentar directamente contra la zona vital más accesible, y vulnerable de la persona, habían aumentado la frecuencia e intensidad de sus actitudes violentas, amenazas, y acoso. Le había dicho a Susana que no le dejaría quedarse con la niña. José tenía armas, era colérico, profundamente controlador y sexista.
Susana ya había tirado la toalla en cuanto a nuevas denuncias, estaba aterrorizada. Tenía una hija pequeña. Había hablado del maltrato a otras personas, y había decidido escapar de José. Pero sobre todo y fundamentalmente, estaba convencida de que él la iba a matar.
Todo lo anterior son indicadores de riesgo pero si hay que dar prioridad a algo es a la vivencia subjetiva de peligro de la mujer, si ésta dice estar en un alto riesgo de ser asesinada hemos de recordar que su percepción es mucho más precisa y adecuada que la nuestra.
La mujer maltratada conoce perfectamente cada gesto del maltratador, lo que para un extraño puede no tener importancia para ella puede ser el detonante de una nueva agresión. Por muchas carreras que tengamos, por muy alto nivel de cualificación profesional de que dispongamos, por mucho test informático que apliquemos, la clave de la valoración del riesgo está en escuchar a la víctima, aceptar y comprender sus miedos, y atender a su demanda de protección.
Hubo en el caso de Susana María Galeote múltiples y diversos fallos, errores, malas praxis profesionales… Se podría decir acaso que de alguna manera José dispuso de muchos “cómplices por omisión”, no tanto en un sentido jurídico sino en un sentido democrático, de derechos humanos fundamentales y de ética.
Cómplice: Persona que sin ser autora de un delito coopera a su perpetración con actos anteriores o simultáneos, aunque no indispensables. Se puede hablar de cómplice por omisión.
Notas:
El predictor más potente de reincidencia en el maltrato, es que se haya cometido maltrato en el pasado. (Edelson, J.L. & Tolman, R.M. 1992. Intervention for Men Who Batter: An Ecological Approach. Newbury Park, Calif.: Sage).
El aprendizaje en la infancia del modelo violento y sexista, es un antecedente común a la mayoría de maltratadores.
El diagnóstico de psicopatía permite pronosticar el riesgo de peligrosidad futura: más alto riesgo de reincidencia delictiva asociación con delitos más graves (lesiones graves, violación, homicidio, asesinato) asociación mayor con delitos como las agresiones sexuales (violaciones)
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