

Huelo los sentimientos de la gente. Literalmente. Por ejemplo, esta mañana en la frutería una mujer apestaba a huevos podridos, y, efectivamente, a los tres minutos de entrar en el establecimiento ya estaba gritándole a un señor mayor porque “no se aparta de el medio y no deja pasar a nadie”. Al salir, mientras ponía mis frutas sobre el aparador para que Rosa, la cajera, las cobrara, me ha venido una olorcilla como a jazmín en flor un día de lluvia i… ella me ha contado que se había enamorado como una quiceañera de un enfermero maravilloso. Así es siempre. Hay olores nauseabundas, maravillosas, desagradables y agradables, y todas todas coinciden con lo que sienten sus portadores. Sé que no es algo usual, pero… qué quereis que os diga, cuando una es ciega, esto es una ayuda monumental. Imaginaos. Yo no puedo ver las expresiones, ni los gestos ni las miradas, pero puedo olerlo todo. Hasta hace unas horas.
Estaba yo tranquilamente en el banco del parque donde suelo ir a tomar el sol escuchando un audio-libro interesantísimo sobre una monja y unos seres hallados que parecían ángeles, completamente sola y embebida en la historia cuando… Plas! Algo me toca el brazo. Menudo bote he dado.
¿Hola? ¿Quien…?
Perdone, es que se le ha caído la revista.
Ah, gracias, muchas gracias. Perdone, ¿lleva ahí mucho rato?
Oh… bueno, como media hora aproximadamente, ¿porqué?
Ejem, en fin… yo… no le vi llegar.
El hombre rió con ganas. Pero yo apenas conseguí esbozar una leve sonrisa. No puede ser. No huele a nada. Nunca me había sucedido. ¿Acaso no siente nada? Es imposible, nadie no siente nada. Puedes estar amargado, feliz, asqueado o ilusionado, decepcionado, alegre, triste o pasota, pero siempre sientes algo. Si no, estás muerto. Pero los muertos no hablan, y ese hombre me ha hablado, y me ha recogido la revista, y se ha reído. Pero no ha sentido nada de nada…
Llevo horas pensando en esto, y creo que ya sé lo que pasa. Está vacío. Y no siente. Conoce el absurdo de existir sin testigos, sin que a nadie le importe si se levanta por la mañana o está demasiado triste para hacerlo. Está solo, aislado. Se le pasó la rosca. Demasiado tiempo sintiendo el asco vital, demasiado tiempo esperando tiempos mejores. Ahora no vive, sobrevive. Pero no es tarde, si ha sobrevivido sin sentimientos todavía hay esperanza para él. Esperanza, es algo bueno para sentir… aunque nunca podré explicarselo, porque si no le huelo, no le veo. Desesperanza. Algo malo para sentir. Pero estoy contenta por sentirlo, porque eso me asegura que sigo viva, que existo y no estoy sola, puedo compartir lo que me pasa. Me pregunto cuantas personas como ése hombre nos cruzamos a diario, sin verlas, sin olerlas, sin sentirlas. Personas solas que ni siquiera estan ya tristes. Personas que sobreviven, como zombies invisibles…
Mmmm, ese olor a vainilla… mi amiga Ana ya ha llegado, y parece que está contenta. Bien.