
Quizá un día veamos la filtración de los mensajes que Jennifer Robinson recibió de sus amigos en el móvil y en el correo electrónico en los últimos meses. Quién sabe. «Me han perseguido. Me han esperado fuera de mi casa. Los mensajes que me enviaban mis amigos me llegaban cinco veces. Y el email no me funcionaba de forma normal. La verdad, en ocasiones todo esto ha sido muy estresante y poco agradable». Se refiere a representar legalmente a Julian Assange en el proceso de extradición reclamado por Suecia a Gran Bretaña.
Para Robinson, risueña australiana de 29 años, el caso del jefe de Wikileaks ha sido un máster intensivo de lo que supone el escrutinio ante los medios de comunicación. Es la abogada rubia que ha aparecido en los cortes informativos al lado de Assange. Un caso mediático para alguien acostumbrada al roce en la sombra con los medios. Su especialidad, la defensa de periódicos y televisiones ante las querellas ocasionales por lo que se publica.
Tremendamente persuasiva, Robinson se explayó en Barcelona sobre las anomalías legales que, a su juicio, ha sufrido Assange en el caso que ha emprendido la justicia sueca por tres supuestos delitos sexuales y uno de violación. El proceso de extradición se halla en el terreno de la apelación. Y más que habrá, si Assange recibe más reveses. «Es un proceso que puede durar años, pero siempre hay que tener en cuenta el factor Assange. Por alguna razón, todo va muy deprisa en este caso».
Robinson, invitada a Barcelona por el despacho Bartolomé & Briones, que tuvo encima la gentileza de llevarla al Camp Nou (se declara fan entusiasta del Arsenal), defendió la inocencia de su cliente. «Puede tener alguna culpabilidad social, pero ninguna criminal». Y expresó dudas sobre la imparcialidad de la justicia sueca en este caso y advirtió motivaciones políticas, de ahí el rechazo a la extradición.
«El juicio se celebraría a puerta cerrada. Para mí eso es tremendamente erróneo. La justicia debe ser vista para ser aplicada. Sin olvidar que la prensa en Suecia ha tenido una actitud muy venenosa y resulta difícil que un juez puede abstraerse de esta intoxicación».
Considera Robinson que no existe ninguna base jurídica para su extradición a EEUU, donde podría afrontar la pena más alta imaginable. «Los argumentos que he oído en este sentido son ridículos». Y ante todo defendió los procedimientos de Wikileaks. «El New York Times, Al Jazira, la CNN, todos los grandes medios, han abierto en sus webs un apartado para recibir información externa, lo que prueba que lo que hace Wikileaks no es ilegal».








