
A diferencia de lo que se puede pensar, las mujeres afganas
ni se quedaron encerradas en casa, ni calladas bajo el burqa, sino todo lo contrario. Se movilizaron más que nunca para participar en las elecciones presidenciales y provinciales del pasado jueves y hacer oír su voz en una sociedad regentada por hombres.
La red de asociaciones de mujeres ‘Afghan Women’s Network’ (AWN) lanzó a principio de agosto en Kabul la campaña de los cinco millones, con la que pretendía que cinco millones de afganas ejercieran su derecho al voto. Afifa Azim, presidenta de AWN, explicaba cómo habían hecho tal cálculo: «‘Afghan Women’s Network’ la forman 65
asociaciones femeninas y 3.000 mujeres a título personal en todo Afganistán y pensamos que, a través de ellas, podíamos movilizar a tres millones de electoras. Quisimos ser optimistas y añadimos dos millones más. De ahí los cinco millones».
La campaña se estrenó con un acto multitudinario en Kabul, en el que participaron un millar de mujeres de las 34 provincias del
país, tocadas todas con un pañuelo de color verde y franjas negra y roja, como la bandera afgana. Verlas reivindicar sus derechos impresionaba.
Su movilización no acabó aquí. Durante los últimos meses las asociaciones de mujeres se reunieron con los principales candidatos a la Presidencia para pedirles que se comprometieran por escrito a que el 30% de los cargos del nuevo Gobierno lo ocuparan
féminas. «Hamid Karzai nos dijo claramente que él no iba a poner eso por escrito ni loco», explica Azim, en alusión al aún presidente afgano. Su principal rival, Abdulá Abdulá, se mostró más abierto a la propuesta y les aseguró que les enviaría tal compromiso. «Pero no recibimos nada», destaca la presidenta de ‘Afghan Women’s Network’. Y el ex ministro de Finanzas Ashraf Ghani, que inicialmente se perfilaba
como el tercero en la contienda electoral, tampoco quiso comprometerse.
Las mujeres esperaron hasta el último momento conseguir la rúbrica de algún candidato, pero acabó la campaña electoral y ninguno de ellos estuvo dispuesto a poner negro sobre blanco sus compromisos en materia de mujer.
La movilización del voto femenino tampoco sirvió de nada. No porque las mujeres no quisieran votar –las sensibilizadas por las asociaciones de mujeres estaban animadas a ello-, sino porque no encontraron dónde hacerlo. En muchas provincias no había
colegios electorales para ellas o se habilitaron muy pocos –en Afganistán hombres y mujeres votan en lugares separados-, o dichos colegios carecían de personal femenino, cosa que hizo que muchas se abstuvieran de ir. En algunos casos lo único que falló fue que en la entrada del colegio electoral no hubiera una mujer que se encargara de cachear y registrar el bolso a las votantes y, por razones de seguridad, no se dejaba entrar a nadie sin antes someterse a dicho
control. Había policías varones que se encargaban de ese cometido, pero no féminas. Algunas votantes, pues, se quedaron en la puerta. Así lo denuncia un informe de observadores electorales.
A todo esto hay que añadir la situación de seguridad –en muchas provincias se repitieron los ataques con cohetes y artefactos explosivos, y la amenaza de los talibán- que no invitaba a salir a la calle y menos aún arriesgar la vida por una papeleta.
«Como máximo participó entre un 5 o un 10% de mujeres», dice una observadora electoral que pide que se mantenga su anonimato hasta que los informes oficiales sobre el cúmulo de irregularidades que rodearon las elecciones afganas se hagan públicos.
En el primer Gobierno de Hamid Karzai tres mujeres formaban parte de su gabinete como ministras, a pesar de que las mujeres no necesitaron movilizarse para ello. «Así lo marcó la conferencia de Bonn», recuerda Azim, en referencia a la conferencia internacional auspiciada por las Naciones Unidas que se celebró en dicha ciudad
alemana en diciembre de 2001 y de donde salió el primer ejecutivo transitorio de Afganistán, tras la caída del régimen talibán.
Entonces, la comunidad internacional decía que una de las razones de su intervención en Afganistán era salvar a las mujeres afganas de la barbarie de los fanáticos barbudos.
Siete años y medio después, nadie parece acordarse de eso. Ahora sólo hay una única ministra en el Gobierno afgano, que se encarga precisamente de la cartera de Asuntos de la Mujer. Y no importa que ellas no hayan votado, a pesar de que la comunidad internacional era la que financiaba estas elecciones. Con 223 millones de dólares,
para ser exactos.
FONT: ASDHA








