
De los tres millones de viudas que hay en España, muchas de ellas vivieron con estrecheces los años difíciles de los 50, 60 y 70. Ahora, al menos 800.000 viven en el umbral de la pobreza y 2 millones necesitan la ayuda de sus hijos para subsistir. La mayoría de ellas trabajaron en
su casa en el cuidado de su esposo, hijos y abuelos, y por ello no están inscritas como cotizantes en la Seguridad Social y no disponen de una pensión, que aunque fuera de unos 300 euros ya aliviaría su economía y les permitiría llegar a fin de mes. Son un colectivo casi invisible, tanto
en las grandes ciudades como en los pueblos, pues no tienen voz ni voto, y viven en muchos casos solas aun teniendo hijos, ya que el ritmo de vida actual hace que estos no tengan ni tiempo ni lugar para su progenitora.
A pesar de que en junio de 2008 se presentó en el Congreso de los Diputados una petición para mejorar estas pensiones, que actualmente rondan una media de unos 550 euros al mes, hasta ahora dicha petición no ha sido atendida.
Hay dos existencias de vida: la digna y la de la miseria, y esta segunda es la que predomina.(…) ¿Es una insolidaridad lo que está ocurriendo con las personas de edad más avanzada? Está muy bien ayudar a los inmigrantes,
pero primero cada ciudad y pueblo tendrían que tener en cuenta a estas viudas, que durante toda su vida han trabajado para llevar adelante a su familia y, con ello, su ciudad o pueblo. Ellas tienen que pagar al mismo precio la luz, el agua, el gas, el IBI, la basura, la comida, la ropa, a veces hasta
un alquiler…, y por todo ello tienen que ir mendigando por las administraciones para ver si les resuelven mínimamente lo que es de justicia.
Son tres millones de bocas calladas y ya se sabe que quien no quiere no mama.
Por Carmen Limón de la Rosa.








