
La perspectiva de una profesión nueva calienta un mercado laboral en horas bajas. Las estimaciones en manos de la Conselleria de Treball apuntan hacia la eventual creación de 1.500 empleos, según Mònica Geronès, subdirectora general de la dirección general de Igualdad de Oportunidades en el Trabajo de la Generalitat.
La Administración y las empresas privadas generarían la demanda de esta figura, nacida con la ley de Igualdad española del 2007, cuyo trabajo es orientar y planificar para que se consolide la igualdad. A los tres años de emerger esta profesión en el papel, su calificación, atribuciones, formación, titulación y homologación están aún en el aire.
Ya hay ahora unas 200 personas que ejercen. Insuficientes. La demanda social en torno a la igualdad de género y los avances normativos de los últimos años han convertido en imprescindible esta figura que cambiará de nombre y se dividirá en una rama llegada de la formación profesional y otra, de la universidad.
Esta profesión en mantillas se nutre de especialistas, la mayoría de ellas mujeres, en asistencia social, sanidad y mercado laboral. La mirada al exterior tampoco ofrece pautas comunes, ya que el equivalente a los agentes españoles tiene un perfil profesional diferente en Francia, Alemania, Gran Bretaña u Holanda, países en los que fueron una apuesta en los años ochenta.
Ante la ausencia de una titulación específica, si se busca trabajo de agente de igualdad «tienes que acreditar la experiencia profesional y alguna formación, que no está regulada», declara Geronès. La Administración catalana subvencionó, pagando el sueldo, a 105 agentes destinados a los ayuntamientos. También ayudó económicamente a 118 empresas que implantaron un agente de igualdad, como requieren los planes de igualdad obligatorios para empresas de más de 250 trabajadores.
Las leyes han provocado la transformación. «Ahora existe una traducción profesional visible», analiza Geronès. Pasan a tener otro nombre los antiguos expertos en género, casi siempre bajo el paraguas asistencial en los ayuntamientos. Existe también una novedad que abre las miras: el terreno empresarial.
La falta de un marco regulador alienta la creación de cursos de formación rápidos y sin homologación que, a través de la red, ofrecen centros privados que han visto el filón. Esta cuestión no resulta tan grave, para fuentes del sector de la formación, que citan la peluquería o la cocina como profesiones no reguladas que funcionan muy bien. «Hay problemas que no se arreglan desde la formación y no los provoca la formación», añaden.
El paquete formativo oficial y homologado que pasa por la formación profesional ya está pendiente de Madrid. La denominación del perfil universitario se encuentra en preparación. A pesar de que el avance de los planes de igualdad deberían poner a esta profesión entre las de futuro, «su novedad y la crisis» la cubren de nubarrones, según advierte Carme Catalán, de CCOO.
Para esta sindicalista y experta en temas de mujeres, muchos de los agentes de igualdad ahora empleados «tienen contratos eventuales». La de agente de igualdad busca aún consolidarse como una nueva figura laboral con las especificidades de un campo de actividad propio y delimitado. La demanda está servida y la labor alentada y protegida por el Estatut de Catalunya.








