Granada, 2 agosto 2006 (EFE).
La tendencia al suicidio de muchos de los autores de delitos de violencia doméstica responde, según expertos en psicología clínica, a la pérdida de «posesión» que experimentan respecto a sus parejas sentimentales una vez que han acabado con la vida y la autonomía de éstas.
La experta en violencia de género y miembro del Colegio Oficial de Psicólogos de Andalucía Oriental, Estrella Rojas, explicó hoy a Efe que la mayoría de agresores suicidas sienten «una paz momentánea» instantes después de asesinar a sus parejas, que se torna en una angustia y un desasosiego inmediatamente posterior, que sólo pueden saciar quitándose la vida.
Esta psicóloga clínica señaló que estos asesinos suelen considerar que su vida y la de su pareja van unidas, de ahí que una vez que las matan, al necesitar su presencia y no poder encontrarla, consideran que su existencia carece de sentido.
Rojas manifestó no obstante que, pese a los rasgos comunes que suelen presentar un amplio número de casos de violencia doméstica, no puede precisarse la existencia de una causalidad específica en estos sino, más bien, «indicadores de riesgo».
En este sentido, apuntó que las variables educacionales suelen ser las más influyentes en los perfiles de los agresores, que no suelen compartir rasgos patológicos o psicológicos, y que no son propios de ningún grupo sociocultural o económico.
Se refirió al gran número de estudiosos que han tratado, sin éxito, de cifrar unas características comunes en los asesinos de sus parejas sentimentales y argumentó que suelen tenerse en cuenta «factores precipitantes de conductas».
Entre estos indicadores de riesgo estarían, según esta experta, la tenencia de armas, las relaciones violentas con parejas anteriores, el hecho de que las agresiones pasen del ámbito privado al público o la ingesta de sustancias estupefacientes o alucinógenas.
«Cada decisión que ella tome de forma independiente la pone en riesgo», señaló Rojas en relación a que en muchas ocasiones las mujeres asesinadas a manos de sus compañeros ya habían iniciado trámites de separación o iniciaban acciones para lograr algún tipo de independencia.
«Vivimos en una sociedad en la que lo universal desde hace siglos es lo masculino», dijo la psicóloga, quien apostilló que el carácter machista y posesivo de muchos agresores suelen reafirmarse especialmente en una época en la que la lucha por la igualdad de la mujer no ha sido aceptada y en la que ellos se sienten como «los grandes perjudicados». EFE
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