
Afganistán en carne viva
JANOT GUIL. BARCELONA.
La cara de Nadia G. es como un atlas histórico del convulso Afganistán de los últimos lustros. Esta joven de 21 años que reside en la capital afgana, Kabul, tiene medio rostro y parte de su cuerpo destrozado. Por culpa de una bomba que estalló en su casa cuando ella tenía ocho años y su país se debatía en guerra civil entre facciones fundamentalistas y militares, tras la retirada del invasor soviético.
«Gracias» a su cara destrozada, que le tuvo ingresada en un hospital dos años, Nadia pudo cometer, por necesidad, una osadía en un país islámico. A los 10 años asumió -aunque no sobre papel oficial- la identidad de su hermano, justo después de que éste fuera asesinado por unos militares. Engañó así a los gobernantes talibanes, que cuando en 1996 tomaron el control de Afganistán prohibieron trabajar a las mujeres fuera de casa.
Nadia mudó en hombre para poder mantener a sus padres y sus dos hermanas pequeñas. Porque su padre, antiguo trabajador del Ministerio de Sanidad afgano, había quedado incapaz por un trastorno mental que le causó la muerte de su hijo; y su madre estaba aquejada del corazón. Trabajó, como hombre, en la construcción y en el campo.
Hace dos años, la ONG Asociación por los Derechos Humanos de Afganistán (ASDHA) conoció el caso de Nadia y empezó a ayudarla. La formó para que se sacara el graduado y aprendiera inglés.
Cirugía salvadora
Ahora, con el respaldo de esta entidad, del Hospital Clínic de Barcelona y de la Fundación Cirujanos Plásticos Mundi, esta chica podrá rehacer su vida en su país. Como mujer que es.
Actualmente ya vive como tal cuando acude a la Universidad de Kabul para estudiar Económicas o cuando trabaja con una ONG de mujeres. Al amparo de un Afganistán en el que, aunque ya no gobiernan los talibanes, las mujeres y los hombres están bastante aislados en el espacio público. Pero Nadia G. teme que un día sea reconocida y pague su secreto.
Nadia, que ayer explicó -en inglés- su caso en Barcelona, durante unas jornadas sobre la violencia de género en Afganistán, será operada el próximo 22 de noviembre en la capital catalana, en un centro del Hospital Clínic, que costea los gastos. Se quedará cinco meses en Cataluña, porque la reconstrucción de su cara requerirá de una segunda intervención. ASDHA no puede sufragar esta estancia, por lo que ha abierto una cuenta corriente para recabar fondos.
Para Nadia, la cirugía estética es obligada. Paliará los destrozos que la bomba provocó en su cara, y, aún más importante, se asegurará así de que podrá volver a vivir como mujer en su país sin temor a que las cicatrices de su rostro devastado delaten su pasado… y alguien tome represalias.
Podría ahorrarse la cirugía y ocultarse bajo de un «burka», pero se arriesgaría a que, cuando se lo quitara, la viera un ojo delator. Ya vivió demasiado en vilo cuando era hombre. «Cada vez que iba a comprar ropa corría un riesgo», explicó.
Temor Su temor a ser descubierta es tal que en la rueda de prensa de ayer se pidió a los periodistas que no se filmara ni fotografiara su rostro.
Nadia no quiere obstáculos para volver a ser mujer en su país, aunque allí eso es un mal negocio, pues verá recortados sus derechos por su condición sexual. Lo sabe, pero no se echa atrás. «Cuando era un hombre corría el riesgo de ser descubierta. Ahora, como mujer, no tendré tantos derechos, pero es que yo quiero ser y vivir como una chica», espetó.








