Érase una vez

Érase una vez un reino extraño en el que cualquier cosa anunciada por la ministra de Igualdad aparecía tergiversada. De este modo los todólogos de las tertulias disponían de munición para sus debates y, como si fueran reinas de corazones, podían gritar: «¡que le corten la cabeza!». En nuestro país ocurre algo parecido. Por ejemplo,…